El dolor, según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada (o similar a la asociada) con daño tisular real o potencial. Sin embargo, no toda experiencia de dolor tiene un origen físico; el dolor tiene otras dimensiones o componentes que juegan un papel fundamental en la percepción del dolor y en cómo lo experimentamos. Y, en base a ello, clasificamos el dolor en 3 tipos: dolor físico, dolor emocional y dolor psicológico.
Diferencia entre dolor emocional y dolor psicológico
El dolor emocional es una experiencia subjetiva en la que la persona tiene una herida que nadie ve. Las causas pueden ser diferentes: un amor no correspondido, una ruptura de pareja, un cambio de ciudad, el despido de un trabajo... Independientemente de la causa, tiene su origen en no saber gestionar el cambio de vida y en no disponer de los recursos necesarios para afrontar la nueva situación.
El dolor psíquico, psicológico o psicógeno puede parecer lo mismo que el dolor emocional, pero no es exactamente así. El dolor psicológico es el que se conoce como somatización del dolor (o “trastorno de dolor persistente somatomorfo”), que tiene su origen en un estado emocional (estrés, ansiedad, tristeza, etc.) y se refleja a nivel físico o en forma de enfermedad.
El dolor emocional del amor no correspondido
El amor no correspondido es un claro ejemplo de dolor emocional, una experiencia que, aunque no se manifieste en una herida visible, puede ser igual de intensa que el dolor físico. El rechazo, la pérdida y la desilusión pueden activar las mismas regiones cerebrales implicadas en el dolor físico, lo que demuestra que el sufrimiento emocional es una forma legítima de dolor.
Es importante diferenciar entre dolor y sufrimiento. Mientras que el dolor es una respuesta natural del organismo ante una agresión o una amenaza, el sufrimiento es la interpretación que hacemos de esa experiencia. El sufrimiento nace de nuestra resistencia al dolor, de la lucha contra lo que sentimos o de la dificultad para aceptar la realidad tal como es. En este sentido, aunque no siempre podemos evitar el dolor, sí podemos aprender a gestionar el sufrimiento, transformándolo en una oportunidad de crecimiento y resiliencia.
“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (Siddharta Gautama)
Enfrentar el dolor emocional requiere reconocerlo. No es una señal de debilidad, sino parte de la compleja experiencia humana. Aprender a lidiar con el dolor emocional es clave para la salud mental y el bienestar, y nos recuerda que, al igual que el dolor físico, puede sanar con el tiempo, el apoyo adecuado y el autocuidado.